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Mi Odisea Decembrina

Hace poco más de un mes viví una experiencia inesperada. Esta historia ya la he contado varias veces verbalmente, pero creo que merece contarla una vez más.

El 18 de diciembre salía vía Londres y Miami hacia Maracaibo, para disfrutar de una semana en la playa en Santa Marta, Colombia con mi familia y otra en mi tierra natal y regresar a principio de año para mis clases. Pero nada sucedió como lo planifiqué.

Para el 17 de diciembre, comenzó a nevar más fuerte de lo esperado por toda Europa. El aeropuerto de Heathrow en Londres, estuvo cerrado por horas y horas. Así que el 18, el día de mi viaje, no me escapé de la cancelación de mi vuelo hacia Heathrow. Para obtener una re-programación de mi itinerario me tocó hacer una fila de 7 horas. El aeropuerto de Schiphol en Amsterdam era un caos. Por suerte, mi vecino Kingsley fue un sol y me acompañó en la espera. Cuando por fin llegó mi turno, la primera decisión: no había ningún boleto disponible a Maracaibo. Y aquí fue cuando empecé a llorar porque no quería aceptar que simplemente, todo eso estaba fuera de mis manos, por mucha rabia que me diera. Así que acepté un boleto hacia Caracas vía Frankfurt para el lunes 21/12. “Allá resuelvo”, me dije.

Así que el lunes me fui muy contenta al aeropuerto en el último tren de la noche para mi vuelo a las 07:05 am hacia Frankfurt. Antes de salir me fijé que mi vuelo original Londres-Miami, había sido cancelado; “menos mal que no me quedé varada en Londres”, pensé. Todo parecía ir bien con el chequeo de documentos y el pase por seguridad hasta que la espera se fue haciendo cada vez más larga sin que llamaran a embarcar. A la hora programada para el despegue, anuncian que el vuelo está retrasado hasta las 10:45 am por problemas en Frankfurt con la nieve. Lo primero que pensé… mejor no lo escribo en el blog, pero ya se imaginarán. La conexión a Caracas era a las 10:15 am, así que la iba a perder de cualquier forma a menos que estuviera retrasada también… PERO, a eso de las 08:00 am llamaron para embarcar. Con la emoción de la vida me monté en el avión, pero algunos pasajeros decidieron ir gastar su voucher de desayuno lejos de la puerta… El resultado: salimos a las 09:00 am.

En el vuelo, mi compañero de asiento me escuchó hablando español por teléfono y me comentó que también iba a Caracas. Así que al llegar a Frankfurt, ambos CORRIMOS a la puerta B25 para ver en las pantallas un vuelo hacia alguna ciudad de India… Incrédula, pregunté por el vuelo que ya no salía en las pantallas y me informaron: “ese vuelo salió a tiempo, debes hacer la fila en el Service Center para obtener la re-programación”. La segunda fila resultó de 5 horas. A este punto, todos los venezolanos que venían en conexiones atrasadas, como yo, nos fuimos reuniendo y conversando. Conocí personas geniales, entré en la lista de espera para el día siguiente y me dieron alojamiento. La primera ventaja de que el pasaporte venezolano es aceptado en Europa sin necesidad de visa, ya que los que no, deben quedarse en el aeropuerto al mejor estilo de The Terminal.

Al día siguiente, el día amaneció tan blanco en Frankfurt que me asombré. SI bien yo no conocía la nieve antes de este invierno, las cantidades de nieve eran exageradas. Al llegar al aeropuerto, nos informan que ha estado cerrado desde temprano y no saben cuando reanudarán actividades. “YES!”, pensé… eso quería decir que las conexiones no habrían salido y llegarían tarde, lo mismo que me pasó a mi. Las esperanzas estaban altas… y sino ya estábamos empezando a cuadrar entre los venezolanos a quién le tocaría cantar las gaitas. El vuelo seguía en pie hasta que la odiada palabra apareció en pantalla… “CANCELLED”. Nuevamente, filas para la re-programación del vuelo, hotel y comida para ese día.

Para el miércoles 22, el día amaneció mucho más favorable, no para nosotros pero sí para los que tenían reserva para ese día. El vuelo iba lleno. Apenas llamaron a unas 15 personas para la lista de espera, la mayoría viajando con bebés y niños pequeños. Así que con las esperanzas de llegar para Navidad por el suelo, nuevamente tocó hacer fila. Esta vez 4 venezolanas nos juntamos y decidimos pasar a que nos atendieran juntas. Ese mismo día nos enviaron a Madrid, donde teníamos 2 noches pagas de hotel y el 24/12 reserva con Santa Bárbara.

Decidimos ir el 23 a ver si entrábamos en lista de espera. Después de todo, no había tiempo que perder. Y así fue. Llegué a Caracas el 23/12 (justo a tiempo diría yo), aunque no llegué a Maracaibo hasta el 25/12.

En fin, les cuento todo esto porque a pesar de la rabia que tenía en el momento, porque todo estaba fuera de mis manos (y la mayoría de las veces soy una control freak) siempre hay algo que aprender de estas situaciones. Lo primero es que hay que aceptar y soltar… salirse un poco de lo planificado e improvisar. Y lo siguiente, es que hay que sacar lo mejor de las situaciones que en su momento nos parezcan “malas”. Ah sí, y a llevar más cosas de “emergencia” en el equipaje de mano (creo que escribiré un post sobre eso).

Al final, viajé con 3 aerolíneas (y no le había comprado el pasaje a ninguna), conocí un montón de gente, me quedé en hoteles que yo misma no hubiera pagado, comí sabroso, una chica me regaló unos audífonos y llegué a tiempo para pasar Navidad con mi madrina, año nuevo con mi familia y disfrutar de la compañía de mis amigos.

Les dejo unas fotos de la experiencia y la gente que conocí :)

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