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De Maracaibo a Amsterdam – El Viaje

Ya tengo 15 días en la capital de los Países Bajos. Se me ha pasado tan rápido y tan lento a la vez que es algo difícil describir todo lo que he vivido, lo que he aprendido, lo que me gusta y lo que no, lo que extraño de mi tierra y lo que abrazo de esta.

Dado que contar todo lo que ha pasado en 15 días es muy largo, lo voy a dividir en 4 posts: el viaje, la universidad, la ciudad y apartamento, los extranjeros y “the dutch way”.

Luego de año y medio planificando, el 22 de agosto al fin llegó el día del viaje. Mi ruta de viaje fue un tanto larga pero sin duda más económica que irse por Caracas. Bien tempranito salí en el vuelo Maracaibo-Miami. Mi abuela y Ber me acompañaron al aeropuerto :)

Ber y yo

Primero consejo de viaje: llevar todos los líquidos dentro de una bolsita plástica hermética, de forma que no sumen más de 100 oz. o no podrán ser llevados en cabina.

Con mi nueva actitud hacia la comida, lo único decente que había en la caja de desayuno era un triángulo de queso y una galleta de soda. Lo demás: muffin de sirope de maíz, gelatina con azúcar, caramelos…

Al llegar, tuve que esperar mucho por mis maletas, pero ambas llegaron sanas y salvas.

Segundo consejo de viaje: personalizar las maletas. Son muchas las personas que bajan maletas que no son suyas, chequean el número y la devuelven al carrousel. A mis maletas les coloqué una cinta roja y una calcomanía de manzana, de manera que desde lejos ya sabía que eran mías. Se ahorra tiempo, esfuerzo e incluso malos entendidos.

Luego, me di cuenta de que la puerta de salida del vuelo hacia Boston, era bastante lejos de donde estaba y no tenía mucho tiempo, así que ¡a correr! (bueno, caminar muy rápido también vale). Mientras caminaba sin parar, veía una simpática publicidad anunciando que para otoño 2010, tendrán un tren que conecta los terminales. No fue muy gracioso…

Tercer consejo de viaje: trata de guardar la mayor parte de tus cosas en el equipaje chequeado, dentro de los límites de la aerolínea y el vuelo, de manera que puedas moverte (y correr de ser necesario) con poco peso. Además, pesa las maletas antes de llegar al aeropuerto para evitar cargos por sobrepeso.

Llegué justo cuando estaban llamando a mi grupo a embarcar solo para luego desperdiciar dos horas de mi vida sentada en el avión inmóvil, porque había una avería que debían reparar.


Cinco horas más tarde (2 de espera más 3 de vuelo), una vez más llegamos JUSTO a tiempo para tomar la conexión con Londres. Lo único que hicieron por los 23 pasajeros que teníamos conexión, fue pedirle a los demás pasajeros que nos dejaran salir primero (esta vez era en el mismo terminal así que no hubo que correr mucho).

El vuelo hacia Londres duró 6 horas, de las cuales habré dormido unas 4 (algo que deben saber de mi: frecuentemente me quedo dormida en carros, buses, aviones, etc.). Debí haberme quedado despierta para evitar el jetlag, como me aconsejó mi papá pero ¡se me cerraban los ojos!.
Llegamos antes de la hora prevista y la puerta asignada estaba ocupada por un avión averiado, por lo que nos tuvieron 40 minutos esperando dentro, por un cambio de puerta. Allí fue cuando mi paciencia se acabó, porque gracias a esto y a la desorganización de ese aeropuerto para traslado de pasajeros a los otros terminales…

Perdí mi conexión con Amsterdam. Esto, al parecer, ocurre con frecuencia porque al llegar el terminal me encuentro con 10 puestos de atención para rebooking. Mi vuelo original era a las 8:30 am y los siguientes a las 9:45, 12:00 y 13:00. Me decidí por el de las 12, porque para el de las 9:45 me iba a tocar seguir corriendo. Así que me senté y pagué por el internet más caro de mi vida: £10 por 24 horas, de las cuales solo aprovecharía unas 3…

Pero ¡¿qué le depara a una geek que debe esperar 3 horas en un aeropuerto sin internet?!

Cuando al fin llegué a Amsterdam, me sorprendió que aquí no sellan el pasaporte y que el carrousel de equipaje no es tan grande para ser un aeropuerto tan importante. Estaba un poco preocupada por mi equipaje ya que no lo veía desde Miami y quien sabe si llegaría.

Afortunadamente, todo bien. Al salir me recibió un olor exquisito a pan de la cadena de supermercados Albert Heijn. Luego fui al punto de encuentro y conocí a varios compañeros (que además son vecinos de edificio). La gente de la universidad organizó un servicio de recogida en el aeropuerto y facilitaron el proceso de firma del contrato de alojamiento, registro con la municipalidad, etc. Todo listo en pocos minutos y al fin llegué a mi “nuevo hogar”.

Debo decir que inicialmente me sorprendió el tamaño: más pequeño de lo esperado y para la fama que tienen los holandeses de ser limpios… Dejó mucho que desear.

Pero eso se los contaré en el siguiente post :)

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